La única forma de combatir la corrupción gubernamental
por Ron Paul | 12 de octubre de 2026
Traducido por Héctor Muñoz
La semana pasada hemos presenciado varios escándalos graves de corrupción de la Administración Trump. La presentadora de Fox News convertida en embajadora de Trump en Grecia, Kimberly Guilfoyle, llamó la atención recientemente, cuando informó a un funcionario griego, en lo que parecía una amenaza, que Washington puede derrocar a cualquier gobierno que desee.
Aunque no es una noticia de última hora, tal confesión, normalmente, no se considera parte del diálogo diplomático. Pero para Guilfoyle, eso fue solo el principio. Hay reportes de que presionó a un donante para que pagara su deuda de 100.000 dólares en su tarjeta de American Express antes de asumir el cargo. Más recientemente, está en aún más problemas por, según se informa, haber utilizado sus vínculos con la familia Trump, ya que una vez estuvo comprometida con Donald Trump, Jr., al organizar acuerdos comerciales para un empresario griego adinerado que, casualmente, supuestamente financiaba su lujoso estilo de vida en Grecia.
De manera similar, la semana pasada los medios informaron que David Millstein, la mano derecha del embajador estadounidense en Israel, Mike Huckabee, estaba abusando de su cargo para alimentar sus propios sesgos políticos. Millstein, que fue inicialmente objeto de escrutinio, por solicitar a ciudadanos israelíes "regalos de boda monetarios", también ha estado suprimiendo o incluso falsificando informes de la Embajada que critican Israel. En una supuesta administración de "América primero", resulta impactante que los funcionarios abusen de su poder para beneficiar a un país extranjero en lugar del suyo propio.
La corrupción va aún más allá. Se informa que el secretario de Comercio Howard Lutnick duplicó su patrimonio neto mientras estuvo en el cargo. Del mismo modo, se dice que la propia familia Trump ha ganado miles de millones en negocios dudosos, incluyendo acuerdos militares, mientras la guerra está en marcha, mientras Donald Trump ha estado en el cargo. El propio presidente Trump, quien ha hecho el espectáculo de rechazar su salario como presidente, se dice que ganó más de dos mil millones de dólares durante el primer año de su segundo mandato. ¡Eso está muy por encima del salario presidencial estadounidense de 400.000 dólares!
Aunque hay mucho ruido en la derecha sobre el peligro del socialismo, y no debe subestimarse, lo que no se discute suficiente es el "socialismo" para los ricos y bien conectados. Una palabra que describe bien esto es "corporativismo". Es la fusión, aunque sea temporal, del poder estatal con intereses "privados".
Los ricos empresarios griegos no están prodigando regalos a la embajadora Guilfoyle porque ella sea una buena persona. Buscan favores que, solo quienes ostentan las palancas del poder político, pueden conceder.
Idealmente, los funcionarios públicos electos y designados deberían ser más como el representante Thomas Massie, que ya era un empresario exitoso antes de llegar al cargo y, por tanto, no veía su "servicio público" como una especie de alcancía. Sin embargo, vivimos en el mundo real y esos estándares probablemente sean mucho pedir.
Entonces, ¿cuál es la solución? Los funcionarios corruptos abusan de sus posiciones, porque el gobierno es tan enorme e invasivo, que hay infinitas puertas abiertas a la corrupción y la estafa. Si realmente buscamos acabar o reducir la corrupción gubernamental, debemos devolverlo al tamaño que tenía cuando se fundó este país. En lugar de esperar que un gobierno de santos lidere el país, debemos eliminar los incentivos que tientan a simples hombres y mujeres a ver los cargos electos y designados como una oportunidad de beneficio personal y económico.





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