¿Es posible una sociedad sin guerra?
- Héctor Muñoz
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Por Héctor Muñoz
“Donde entra el comercio, no entran las balas.” Fréderic Bastiat (paráfrasis)
La guerra ha sido motivo de muchos avances científicos, en la búsqueda de tener una ventaja frente al enemigo, los gobiernos han financiado la ciencia. No es el único motivo para la ciencia, de hecho, el comercio ha sido también un gran motivador de avances científicos. En términos de volumen histórico, la guerra ha acelerado avances puntuales y espectaculares (radar, penicilina, energía nuclear, internet), pero el comercio ha generado un flujo constante y más amplio de innovaciones ligadas a transporte, salud, comunicaciones y bienestar. Si hablamos de quién “gana” en el largo plazo, el comercio supera a la guerra porque produce avances sostenibles, difundidos y menos destructivos.
El ascenso al poder por segunda ocasión de Donald Trump en Estados Unidos, ha puesto de manifiesto algo que ya sufríamos desde hace mucho tiempo, pero ahora exacerbado, el neocolonialismo estadounidense. Esta forma de interacción internacional no tiene nada de novedosa, desde que se tienen registros históricos, los seres humanos hemos buscado la guerra como medio de dominación y obtención de recursos. Por milenios los gobernantes dirigieron las batallas, e incluso se involucraron en ellas, pero sus repercusiones eran locales y limitadas.
La guerra actual tiene elementos diferentes que la hacen mucho más peligrosa. No solo las armas son más letales y de envergaduras colosales, sino que los líderes que la promueven y dirigen están a miles de kilómetros de distanciay no sufren las consecuencias más tangibles en primera línea. Sus decisiones tienen repercusiones a mediano y largo plazo, y sobre sus soldados y ciudadanos en lugar de en carne propia. Esto debiese ser un disuasorio natural para que como ciudadanos votemos por líderes belicistas. Pero no pareciera ser el caso. Caemos en propaganda maniqueísta, apoyamos a tontos útiles, y nos dejamos manipular por las élites económicas para mantener un clima beligerante en nuestra relación con cualquier posible socio comercial diferente a ellos. Aunque nos la vendan con consignas nacionalistas, la guerra siempre ha sido por motivos económicos. Pareciera más fácil robar, matar y destruir, que ahorrar, procrear y edificar. Bien decía Jesús en Juan 10:10 “El ladrón viene solamente para robar, matar y destruir; pero yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.”
El concepto de guerra justa recogida en el Derecho Internacional Humanitario requiere varios motivos esenciales: Solo un soberano legítimo la puede declarar, por una causa justa (defensa, restitución o castigo cuando no hay alternativa), tiene una intención recta (buscar la paz y el biencomún), es proporcional, tiene probabilidad de éxito y es el último recurso. Pero si analizamos la mayoría de guerras a conciencia, ninguna es justa desde ambas partes en contienda, generalmente una de las dos partes falla en una o varias de las condicionantes anteriores. En el caso de EE. UU. las guerras en las que se ha visto involucrado en los últimos 75 años no han sido justas en el sentido estricto, posiblemente dos de las más de veinte ocasiones podrían ser catalogadas como parcialmente justas.
La Decadencia de Occidente, marco de análisis de la realidad internacional que hemos propuesto los Fusionistas, ha puesto de manifiesto esta actitud belicista en su búsqueda de dominación por el expolio de recursos a los países menos desarrollados. Por decirlo de forma clara y llana, Occidente ha basado su prosperidad ulterior en la dominación para la extracción de recursos.
China, por su lado, quien en los mismos 75 años ha protagonizado menos de diez conflictos, solo uno de ellos es el único que puede catalogarse como legítima defensa.Ahora se perfila como uno de los grandes polos económicos. Rusia, otro gran polo económico, ha protagonizado 7 conflictos en el mismo período, de los cuales dos podrían cumplir los requisitos de guerra justa desde el punto de vista ruso.
Si ampliamos la evaluación a los miembros del G7 como representantes de Occidente y en contraposición a los miembros del BRICS, vemos cómo Occidente supera los 100 conflictos e intervenciones militares mientras Oriente menos de 15. Y se puede catalogar como guerra justa la misma cantidad en cada bando, dos o tres a lo sumo.
Ahora evaluemos las políticas exteriores de EE.UU. y China, cada uno como máximo representante de Occidente y Oriente.
En el caso de EE.UU. la doctrina Monroe ahora rebautizada como Donroe, muestra un claro neocolonialismoextractivista, en el que lo único que importa son los intereses estadounidenses, sin importar el beneficio de la contraparte. Su mayor característica es la implantación de bases militares y comercio dominado por aranceles en los países con los que comercia
China por su lado, ha estado invirtiendo y prestando dinero a todos los países posibles, sin importar las políticas internas, ni intentando influir de forma alguna en la forma de gobierno del país con el cual comercia. Su énfasis ha sido la infraestructura comercial y que genere desarrollo. Pareciera ver que, si su socio crece, China se ve beneficiada.
Visto todo lo anterior, ¿qué política se asemeja más a la declaración de Jesucristo? ¿Quién roba, mata y destruye? ¿Quién ahorra, procrea y edifica? ¿Qué futuro es más deseable? ¿Debemos seguir a ciegas a Occidente o es preferible voltear a ver a Oriente?
No te dejes engañar por estructuras del pasado belicista, es necesario cambiar el sistema de creencias y políticasinternas, para buscar relaciones internacionales pacíficas, centrado en el comercio y no en la guerra. Para conocer más sobre nuestra propuesta te invito a nuestra campaña: “¡Es el sistema: ESTÚPIDO!”.
