Agua abundante y para todos
- Héctor Muñoz
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El problema de la perforación de pozos en las ciudades.
Por Ing. Héctor Muñoz | 16 julio 2026
Siendo egresado de la tricentenaria Universidad de San Carlos de Guatemala, a mucha honra, aprendí, como todos los demás ingenieros civiles, que el agua puede ser nuestra mayor amiga y nuestra peor enemiga. Los principios que nos enseñaron para la gestión del agua pluvial se centraban en proteger las estructuras de ella, por eso mientras más rápido la direccionamos al río mejor, por eso vemos que la mayoría de urbanizaciones y desarrollos utilizan grandes tuberías y tragantes para conducir el agua lo más lejos posible de la estructura a proteger. Lo cual nos obliga a dar mucho mantenimiento al sistema, para que funcione correctamente, y nos obliga a luchar contra la naturaleza constantemente.
Hace diez años tuve la oportunidad de participar en la mesa técnica de la creación de la ley de aguas en el Congreso de la República, donde entrevistamos a varios expertos en el tema del agua; también comparamos nuestra gestión del recurso hídrico con países como Alemania, Japón y otros países desarrollados. Esa experiencia me abrió los ojos al daño que estamos haciendo al recurso vital que tanto deseamos proteger. Como estatista, que era en ese tiempo, me decantaba por regular la gestión del agua por medio de una autoridad del agua y el Ministerio de Ambiente y Recursos Naturales. Lo cual ha demostrado ser ineficiente e inútil. La ley positiva no necesariamente es una ley buena, menos aun cuando es aplicada a ciegas y sin criterios técnicos, así, solo estorba, causando aún más perjuicio al bien que pretende proteger. Por eso la ley debe siempre acudir a principios y proteger el derecho natural, con fuerte dosis de sentido común
Por ejemplo, estuve involucrado en la construcción de una bodega, cuya licencia de construcción obligaba a poner jardín sobre un relleno compactado (el cual no infiltra nada y pone en riesgo los cimientos de la estructura), con el pretexto de que la ley obliga a dejar un porcentaje de terreno para infiltración. Al seguir la letra muerta de la ley se pone en riesgo la estructura sin conseguir el objetivo de la ley. Volveré a este ejemplo más adelante para explicar la manera correcta de gestionar el agua en este caso.
Ahora que he conocido los principios liberales clásicos o fusionistas entiendo claramente el error de sobreregular y entregarle al burócrata las funciones que los privados deben realizar. El gobierno debe centrarse en brindar seguridad, justicia y obras de infraestructura pública. El agua, al ser un bien económico finito, debe tener derechos de propiedad privados, para que cada quien lo aproveche de forma eficiente y sin perjudicar el derecho del vecino al mismo, para proteger esos derechos es que el gobierno debe brindar justicia restitutiva y compensatoria.
Para entender cómo debería ser la gestión del agua de forma eficiente y justa debemos entender el estado natural del ciclo del agua. Cuando llueve en un terreno virgen, el agua cae sobre árboles, arbustos, plantas y musgo, ralentizando su llegada al suelo, el cual, por medio del sistema radicular y biológico (lombrices, larvas y bacterias) del ecosistema, es poroso y permite su infiltración lenta a los acuíferos y ríos subterráneos, elevando el nivel del agua subterránea (nivel freático) en todo el área, la tensión superficial del agua y geología del lugar permite que el nivel freático desborde en ríos perennes que corren hacia el mar, donde el agua se evapora y vuelve a las nubes. Nuestra gestión actual del agua interrumpe la infiltración, al entubarla y llevarla al río directamente, creando crecidas y desbordamientos de ríos que arrastran puentes y pueblos a su paso, vaciando el manto freático, secando los ríos perennes y obligando a profundizar los pozos.
Según nos indicó el señor Eddy Sánchez, director del INSIVUMEH durante el tiempo que estuve en la mesa técnica para la creación de la ley de aguas, estadísticamente el régimen de lluvias en Guatemala no ha tenido variación en los últimos 500 años, los ciclos del niño y la niña se han mantenido en los mismos rangos todo ese tiempo, y recibimos suficiente agua para todo el país, Honduras, El Salvador y el sur de México. Pero nuestra actual gestión del agua no es sostenible y provocará que, aun teniendo el mismo régimen de lluvias, la poca disponibilidad a agua potable empeore cada año que pasa. Además, la mala gestión de las aguas residuales y la mezcla de agua pluvial con aguas servidas, contamina las pocas fuentes de agua dulce que nos quedan.
Una gestión correcta del agua no pelea contra la naturaleza, sino la aprovecha y potencia. En lugar de llevar el agua al río, debemos replicar lo que sucedía naturalmente adaptando nuestras edificaciones para aprovechar el agua mientras es nuestra, y al momento de soltarla entregarla en las mismas o mejores condiciones que la recibimos, para que el siguiente usuario pueda aprovecharla también. Los ingenieros debemos estudiar y aprender a diseñar zanjas de infiltración, cajas demoradoras y pozos de absorción, así como sistemas de depuración y reutilización de aguas servidas, ser más estrictos con los sistemas separativos y crear sistemas de depuración capaces de potabilizar el agua antes de soltarla. Hay muchos métodos tanto mecánicos como naturales que permiten lograr eficientemente esos objetivos, la competencia libre entre profesionales, sin trabas gubernamentales, ni privilegios, y sobre todo con justicia pronta y eficaz, permitirá que los ingenieros produzcan sistemas excelentes que repliquen y potencien lo que la naturaleza hacía sin la intervención humana.
Volviendo al ejemplo anterior, una mejor gestión del drenaje pluvial habría sido que se alimentara un pozo de absorción, con un filtro previo para evitar que se contamine el agua que ingresa al pozo, el cual requeriría menos mantenimiento que un jardín inútil que solo sirve para contaminar el agua pluvial, y que de todas formas termina entubada camino al río.
Desde que aprendí estos principios he cambiado mi forma de diseñar urbanizaciones y edificaciones, y cada vez que he podido, me he asegurado que se ejecute de forma que la recarga hídrica suceda correcta y eficientemente, lo que ha dado frutos. Por ejemplo, un año después de mi experiencia con el intento de creación de la ley de aguas en el Congreso, tuve la oportunidad de diseñar y construir una casa dentro de una reserva forestal. El dueño había construido un pozo de 55 metros de profundidad unos años antes y, previo a la construcción (al final de la época lluviosa) medimos el nivel de agua en él, siendo de 5 metros. El cliente necesitaba que la casa fuera autosuficiente en el manejo del agua, pues la compañía de agua del sector cobra tanto, que el valor del pozo se repuso en un par de años de uso, y el sector no cuenta con drenajes municipales. La casa fue construida con los criterios de mínimo mantenimiento, máximo aprovechamiento de los recursos disponibles y el mínimo impacto ambiental. Además de ser eficiente energéticamente, también se le construyó una planta de tratamiento de aguas residuales, cuyo efluente se utiliza para riego de los jardines llevando su depuración al 100%, las aguas pluviales son conducidas, después de algunos filtros, a dos pozos de absorción. Un año después de finalizar la construcción de la casa, como parte del seguimiento en la enseñanza para la operación del mantenimiento de la planta de tratamiento de aguas residuales, visité la casa al final de la época seca, y medimos la reserva de agua en el pozo, y encontramos que tenía 20 metros de agua, o sea que la casa fue cuatro veces más eficiente que el bosque para recargar el manto freático.
Este ejemplo es esperanzador, ya que en muy poco tiempo podemos recuperar nuestros acuíferos, si nos proponemos construir con criterios técnicos y un régimen de propiedad privada protegido por una justicia pronta y eficiente. Evitando luchar contra natura, reduciremos el impacto ambiental, permitiremos que el agua, lejos de dañar nuestra infraestructura, nos sirva de forma abundante y para todos.
Ahora, esto no será posible nunca bajo el sistema estatista que tenemos actualmente, pues requiere un cambio de criterios tanto a nivel privado como público. Los privados deben ver el agua como un bien económico escaso, y el gobierno debe enfocarse en brindar seguridad para proteger la propiedad del agua. Los ingenieros deben competir libremente para brindar soluciones económicas y eficientes, que permitan a sus clientes librarse de demandas y proteger su propiedad. Este sistema estatista sólo cambiará aplicando las 5 Reformas que proponemos los Fusionistas. Conoce más en nuestra campaña: “Es el sistema, ESTÚPIDO”.
