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“¡Viva la revolución!”


¡Seamos sabios y no cedamos ante la división y la violencia!


Al grito de “Vive la révolution!” (en francés) un 14 de julio de 1789 aconteció el Día de la Bastilla, en París, Francia. Un acontecimiento que marcaría la historia política, económica y social del mundo entero. Las revoluciones siempre terminan mal, por su carácter violento, desarticulado y, generalmente, de izquierdas. Porque la calle, el desorden y la violencia son una táctica de izquierdas. ¿Suena familiar?


En dos días, el 20 de octubre, se conmemorará el 79 aniversario de la Revolución de 1944, un hito en la historia de Guatemala que, al igual que el Día de la Bastilla, nada bueno nos trajo, aunque historiadores marxistas se empeñen en afirmar lo contrario. Debemos desaprender historia marxista y para ello recomiendo leer al Dr. Carlos Sabino y al Lic. Ramiro Ordoñez. De este último comentaré en estos días su libro “Sueño de primavera”, publicado en 2012. ¡Sígueme en YouTube para desaprender!


Las revoluciones, insisto, por lo general violentas, nada bueno nos traen. Vean cómo en un arranque de ira y violencia, gente irracional arremetió en Antigua Guatemala contra Miguel Martínez, ex-funcionario público y miembro clave del oficialismo. El ser humano integrado a la muchedumbre, la masa en palabras de Ortega y Gasset, se entregó a la sinrazón, la vulgaridad, la incongruencia y la violencia, llegando a agredir incluso a la madre del susodicho. ¡A esos católicos (y evangélicos) bien les vendría releer y practicar 1 Corintios 13, 1-13!


La decadencia es generalizada. El domingo por la noche dos sacerdotes concelebraron Misa debajo de una pasarela, en plena calle Martí. ¡Hasta dónde ha llegado el ultraje de la Santa Eucaristía! No quiero ni imaginar la homilía. ¿Cuánta responsabilidad tiene en estas revoluciones la Iglesia, tanto católica como evangélica? Piénsalo. Conoce más aquí.



Fotografía: publinews .gt

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