Vetos no visas
- Jorge David Chapas

- hace 7 horas
- 2 min de lectura
¡Flexibilicemos nuestras leyes migratorias!
Septiembre 02, 2026
Hoy, a propósito de dar o quitar visas como arma contra el adversario político, se me presenta la oportunidad de plantear el enfoque liberal clásico sobre el visado.
Mi experiencia en el trámite de visas, especialmente la de Estados Unidos, pero no sólo esa, ha sido, en general, traumática. Recuerdo que en 2015 durante la entrevista fuimos tratados muy mal por el oficial consular de la Embajada de Estados Unidos, al punto que mis hijos, pequeños aún, se angustiaron gravemente al ver a mi esposa muy alterada por las preguntas inquisidoras del fulano.
Traumas como este y tantos otros que pasa gente decente en las embajadas, así como los engorrosos trámites, colas, formularios, ridícula revisión por escáneres y pagos –extorsivos–, podríamos evitarlos si retornamos al antiguo sistema de “vetos”.
Hasta antes de la Primera Guerra Mundial (1914-1919) existió una “época dorada” de libre movimiento de personas, donde casi no se exigían documentos para viajar (¡ni pasaportes!). El estallido de los conflictos y la inestabilidad geopolítica del siglo XX obligaron a los gobiernos, especialmente a Estados Unidos, a implementar barreras de ingreso muy estrictas que cambiaron la migración global para siempre.
Reemplacemos las visas por los vetos. El veto es la prohibición expresa de ingresar al país, lo cual tiene lugar si la persona aparece en un registro internacional de personas con antecedentes penales, civiles o policiales, lo cual en alguna medida ya existe. Si tienes orden de arresto o se te busca, nacional o internacionalmente, no sales o no entras al país, y se te devuelve a las autoridades, punto.
El sistema de vetos es propio de países civilizados, justos, prósperos y amigables.




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