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¡NO a una ley de competencia!


Y del cómo reducir realmente el precio de las medicinas


Es coyuntura la discusión de una ley de competencia y una de las narrativas más empleadas para justificarla ha sido el alto precio de las medicinas. ¿Cómo podemos reducir realmente el precio de las medicinas?


Con tres políticas públicas: 1) privatizando, 2) desregulando y 3) abriendo los mercados a la competencia. Para entender estas políticas es importante primero cuestionar una idea enquistada en la mentalidad de la gente y de la cual parten todos los politiqueros de izquierda, centro y derecha mala: la salud es un derecho humano y por tanto el Estado debe proveer atención médica y medicina a los enfermos.


La atención médica es un servicio no un derecho, susceptible de ser provista mediante el mercado y los precios. En tal sentido, privatizar significa devolver la atención médica y las medicinas a sus agentes naturales: los médicos, enfermeras, laboratoristas, boticarios, etc. No está en la naturaleza del Estado hacerla de médico, por tanto debe abandonar esa función. Ello implica “desregular” esta esfera, suprimiendo artículos constitucionales, convenios internacionales, leyes específicas como el “Código de Salud” y las excesivas regulaciones entorno a los derechos de propiedad intelectual y patentes que pesan sobre los medicamentos.


Abrir los mercados a la competencia implica eliminar impuestos, aranceles, burocracia y todo tipo de obstáculo para que la gente gane más y tenga mayor poder de compra. La libre competencia es una condición que emerge naturalmente cuando el gobierno está limitado a sus únicas tres funciones: seguridad, justicia y obras públicas. La competencia no se crea por ley positiva, sino por ley natural, la de la oferta y la demanda. ¿Te parecen radicales estas medidas? Lo son, pero no hay otro camino para resolver completo y de raíz el problema.


Para conocer más, es aquí.

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