• Jorge David Chapas

¿Es la “justicia social” justa?

En Lucas 18, 18-30 Jesús no condena la riqueza, sino el apego a ella.


La expresión “justicia social” fue empleada por vez primera en 1843 por el sacerdote jesuita Luigi Taparelli (Italia). Taparelli es considerado uno de los padres de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI) por la influencia que tuvo en León XIII, quien en 1891 publicara la encíclica Rerum Novarum (Sobre las cosas nuevas).

En 1931 el pontífice Pío XI incorpora el término a su encíclica Quadragesimo Anno y desde entonces la expresión se emplea regularmente en la narrativa de la “cuestión social” de la iglesia católica. Y no solo ahí. La expresión es común cuando se habla de igualdad social, igualdad de oportunidades, pobreza, distribución de la riqueza y derechos laborales y sindicales.

Pero tal expresión, afirma el politólogo argentino Alberto Mansueti, «esconde una gran mentira: la “redistribución de la riqueza”. La riqueza es algo que la gente crea, coordinando sus esfuerzos productivos a través de los mercados. Y así la ‘”distribuye”, al mismo tiempo». La idea subyacente a la “justicia social” no es más que la peor de las injusticias, pues acude «al Estado para que éste decrete gravosos impuestos para “redistribuir” una riqueza que ya se ha creado y distribuido».

La “justicia social” no es justa, pues no es la justicia del Reino de Dios. La justicia bíblica consiste en “dar a cada quien lo suyo”, por los medios naturales y conforme a la ley moral de Dios. La Teología de la Liberación con su máxima marxista de la “opción preferencial por los pobres” ha tergiversado el sentido correcto de “justicia” y ha confundido a los católicos. Los gobiernos limitados deben impartir justicia, imparcial y proporcionalmente a todos, pero son los mercados libres y la propiedad privada las instituciones encargadas de redistribuir la riqueza y las oportunidades. ¡Que no te confundan! Conoc más aquí.



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