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Cultura de legalidad

Leyendo a “Sin partidos no hay paraíso” (Carlos Solines Coronel , Miguel Molina Díaz, 2021),

encontré esta paráfrasis que hizo del libro “Las Costumbres de los Ecuatorianos” (Hurtado,

Planeta, 2007): “Hay una ausencia de cultura de legalidad, y es a ella, y no a la falta de normas, a la

que se debe el deficiente funcionamiento del sistema democrático en cuanto mecanismo para

proteger los derechos de los ciudadanos, asegurar la estabilidad política, y promover el desarrollo

del país.” Discrepo bastante con esta idea.


Mucho hemos oído decir que las leyes son buenas, el problema es que no se cumplen. Esto no es

así. El verdadero problema es que muchas de las leyes no son buenas, es más, la mayoría de las

leyes son malas, y no deben ser cumplidas. Cuando se impuso el “Apartheid” en Sudáfrica a finales

de los años 40, la discriminación se hizo legal. Cuando los nazis hicieron el Holocausto lo hicieron en el

marco de la legalidad. Estoy seguro que si se aprobara una ley como estas, estarías de acuerdo

conmigo en que no debe ser cumplida.


El hecho de que algo sea legal, no lo hace justo o correcto. Las leyes no son buenas si son

“especiales”, favorecen a una minoría, o discriminan de alguna forma. Las leyes justas son las que

se aplican igualmente a todos, sin distinción alguna.


De esa cuenta leyes como: impuestos progresivos, impuestos a ciertos productos, restricciones y aranceles en ciertas mercancías, obligatoriedad de colegiarse, privilegios sindicales, ley de feminicidio, leyes de protección cultural, indigenistas, y un larguísimo etcétera; todas ellas son leyes malas. No son democráticas, no

protegen los derechos de todos los ciudadanos, no aseguran la estabilidad política, ni promueven

el desarrollo del país. Y lejos de cumplirse deben ser derogadas. Si realmente deseamos prosperar,

tener estabilidad política y tener un sistema democrático, nuestras leyes deben proteger

únicamente los tres derechos fundamentales de todos los ciudadanos, sin excepción: la vida, la

libertad y la propiedad.


Sólo en un sistema de gobierno limitado, con igualdad ante la ley podremos tener una nación

próspera, libre e independiente.


Conoce más aquí.

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